Espejismos de la reforma concursal

El pasado 1 de septiembre entró en vigor Real Decreto Legislativo 1/2020, de 5 de mayo, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley Concursal.

El nuevo texto refundido responde a la autorización recibida por el Gobierno para regularizar, aclarar y armonizar los textos legales objeto de la refundición (disposición final tercera de la Ley 1/2019, de 20 de febrero, de Secretos Empresariales).

El texto refundido no establece, sin embargo, un Derecho concursal de nueva planta. Los materiales normativos que se refunden no son nuevos, provienen de la originaria Ley 22/2003, de 9 de julio, Concursal, y de las sucesivas reformas que aquel texto experimentó a partir de 2009. Desde aquel año «la historia de la Ley Concursal es la historia de sus reformas», como comienza afirmando la Exposición de Motivos del Real Decreto Legislativo.

Que se trate de una refundición normativa no le resta importancia a la nueva pieza, que debe ser estudiada con sumo cuidado. Su aplicación no será fácil, pues al adoptarse una sistemática novedosa podría producir alguna desorientación a quienes no hayan seguido con atención el proceso de elaboración del nuevo texto. Hasta tal punto es así que el propio Real Decreto Legislativo ordena a los ministerios de Justicia y de Asuntos Económicos y Transformación Digital la publicación, a efectos meramente informativos, de una tabla de correspondencias de los preceptos de la Ley Concursal derogada con los nuevos del Texto Refundido.

Debe recordarse que al poco tiempo de promulgarse, en 2004, la Ley Concursal tuvo que aplicarse con grandes dificultades al contexto inesperado que deparó la crisis financiera de 2008. A partir de entonces, las reformas y contrarreformas se han sucedido y la legislación concursal ha terminado convirtiéndose en un sector adoleciente de contradicciones e incoherencias. El Texto Refundido ha tratado de corregir ese rumbo, poniendo orden y ajustando, aclarando reglas dudosas u oscuras, eliminando discordancias. No puede decirse que el resultado haya sido óptimo, pero es un avance notable en la mejora regulatoria. Queda ahora la tarea de llevarlo a la práctica por los operadores jurídicos, lo que no será fácil: los nuevos planteamientos habrán de sedimentarse a través de la práctica forense diaria.

Con todo, la reordenación, clarificación y armonización del derecho vigente a través del Texto Refundido no supone que el proceso de reforma haya concluido. Está pendiente de transposición la Directiva 2019/1023, de 20 de junio de 2019, sobre marcos de reestructuración preventiva, exoneración de deudas e inhabilitaciones, y sobre medidas para aumentar la eficiencia de los procedimientos de reestructuración, insolvencia y exoneración de deudas (la «Directiva de reestructuración e insolvencia»), que renovará profundamente el Derecho concursal y el Derecho de sociedades. A la espera de que el Gobierno defina el modelo nacional de la transposición de la Directiva, su incorporación al Derecho interno con toda seguridad supondrá un avance en la construcción de un auténtico Derecho preconcursal o de reestructuración preventiva de empresas en crisis. El universo de las reestructuraciones gira en torno a la viabilidad/inviabilidad de las empresas, de la misma manera que lo hace el Marco temporal de ayudas públicas aprobado por la Comisión Europea, con concebido para prestar apoyo específico a empresas en dificultades que sean acreditadamente viables, pero solo cuando tales dificultades sean consecuencia de la crisis Covid-19. La incorporación de los marcos de reestructuración preventiva habrá de tomar en consideración este contexto, en el que asumen un protagonismo propio las medidas de recapitalización de empresas en crisis como consecuencia de la pandemia, sobre todo de aquellas que por su carácter estratégico podrían comprometer el buen funcionamiento de la economía de la Unión Europea.

El texto refundido no culmina una obra que pueda darse por definitivamente acabada. En un hito, importante, pero uno más en esa cabalgata de reformas que vienen acuciando al Derecho concursal desde su reforma de principios de siglo, cuando creímos haber ganado la merecedora estabilidad institucional después del secular abandono y la incuria legislativa de nuestras instituciones concursales. Aquella creencia ha resultado ser un espejismo que nos obliga a seguir en el camino de los procesos legislativos, ojalá que con acierto.

Fuente.- https://www.expansion.com/juridico/opinion/2020/09/23/5f6a353be5fdea6e368b45d9.html

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